La nueva normativa sobre logística inversa de plástico, publicada el 21 de octubre, inaugura un ciclo de transformación para la industria brasileña. El decreto, que establece objetivos crecientes de recogida y reciclaje hasta 2040, cambia el papel de las empresas en la gestión de residuos y apunta a una economía cada vez más circular.
Para Eduardo Nascimento, director general de mi colección, el avance representa más que un ajuste legal: es un parteaguas en la relación entre sostenibilidad y competitividad. "Brasil está comenzando a alinear sus prácticas con lo que ya es una tendencia mundial: integrar el plástico reciclado en la cadena productiva y comprobar el destino correcto de los residuos. No es sólo una cuestión ambiental, sino una cuestión de modelo de negocio", dice el ejecutivo.
La nueva norma define que, hasta 2026, las empresas deberán recuperar al menos el 32% de los envases plásticos colocados en el mercado, con metas regionales y seguimiento obligatorio por parte del Sistema Nacional de Información sobre Gestión de Residuos Sólidos (SINIR). El porcentaje sube al 37% en 2030 y alcanza el 50% en 2040, con posibilidad de descuentos para envases retornables.
Eduardo explica que el decreto también trae un punto inédito: la obligatoriedad del uso de plástico reciclado posconsumo (PCR) en los envases. La exigencia comienza en enero de 2026 para las grandes empresas y en julio del mismo año para las micro, pequeñas y medianas empresas. El tipo mínimo será del 22% en 2026, creciendo progresivamente hasta el 30% en 2030. "Se trata de un cambio estructural porque obliga a la industria a valorar los residuos. El plástico reciclado deja de ser un subproducto y se convierte en un insumo", señala el director general.
En opinión del experto, la medida debería impulsar cadenas productivas enteras, generando nuevas oportunidades de innovación. Destaca que la comprobante obligatorio a través de facturas y Manifiesto de Transporte de Residuos (MTR) supone una ganancia en trazabilidad y transparencia que el sector llevaba años esperando. “La formalización de los créditos de logística inversa y el control por parte del SINIR deberían reducir la informalidad y aumentar la confianza del mercado”, agrega.
El texto del decreto también refuerza el papel de las cooperativas y recolectores, además de exigir planes de comunicación y educación ambiental. Para Nascimento, este punto es crucial. Parafraseando al ejecutivo, la transformación sólo será efectiva cuando empresas y consumidores trabajen juntos. El compromiso social es tan importante como el logro de objetivos. "Las empresas necesitan ir más allá de la recaudación. Es necesario invertir en educación ambiental, en campañas y en el fortalecimiento de las cooperativas, que son la base de esta cadena", dice.
Si bien el decreto establece plazos y obligaciones, Eduardo considera que abre una ventana de oportunidades para quienes saben anticiparse. Según él, las empresas que estructuren sus programas de logística inversa y creen asociaciones locales obtendrán ganancias en reputación, eficiencia y posicionamiento de marca. "La sostenibilidad ya no es un discurso sino un criterio de valor. Quien primero entienda esto liderará la nueva economía del plástico", resume.
A partir de ahora, todas las empresas, incluidos los microempresarios individuales, deberán acreditar antes del 30 de julio de cada año que han cumplido los objetivos del período anterior. El desafío, según el CEO, no será solo alcanzar los números, sino construir una cultura empresarial centrada en la circularidad. "Este es el momento de transformar la obligación en estrategia. El decreto es el comienzo de un cambio profundo, no el final".

