Contratar al profesional adecuado suele ser una tarea difícil. Al fin y al cabo, más allá de analizar los conocimientos técnicos y el perfil de comportamiento de los candidatos, hay muchos otros factores que influyen igualmente en esta elección y que, si no se comprenden y analizan adecuadamente, pueden acarrear una serie de perjuicios y altos costes derivados de una contratación incorrecta.
Un buen proceso de reclutamiento y selección suele basarse en un buen equilibrio entre conocimientos técnicos, perfil de comportamiento y adaptación cultural. Este triple enfoque es lo que sustenta el éxito de esta elección, mientras que la falta de atención a cualquiera de estos pilares puede desestabilizar y comprometer la eficacia de la incorporación de nuevos talentos a la empresa.
Prestar demasiada atención a los dos primeros puntos suele ser uno de los principales errores en este sentido. Al fin y al cabo, más allá de la experiencia técnica en el campo, una buena contratación debe considerar la sinergia del candidato con la cultura, la misión y los valores de la empresa. De lo contrario, la brecha en estos aspectos entre las partes generará frustración generalizada e inevitablemente provocará el despido del profesional poco después.
Otros errores comunes que pueden incrementar el riesgo de una contratación equivocada incluyen no revisar las referencias profesionales, lo cual es fundamental para asegurar que todo lo escrito en el currículum sea confiable y compatible con el desempeño del candidato en el puesto; y la falta de involucramiento de otros miembros de la empresa en este proceso, ya que el aporte de puestos clave como liderazgo, RRHH y otros miembros que trabajarán junto al recién llegado aporta una amplitud de perspectivas sobre cada candidato y percepciones diferentes que favorecen una mejor comprensión y decisión sobre a quién contratar.
La prisa por finalizar este proceso también suele dificultar una buena elección, existiendo altas probabilidades de que los responsables de este proceso terminen “forzando” el alineamiento entre las expectativas de la empresa y los candidatos, impidiéndoles así tener el cuidado y la paciencia necesarios antes de tomar una decisión final.
En términos financieros, según un estudio publicado en SimplyBenefits, reemplazar a un empleado puede costar entre el 30 % y el 400 % del salario anual de ese puesto. Sin embargo, es importante destacar que estas pérdidas no se limitan al aspecto financiero, ya que una mala contratación también genera pérdidas de energía y tiempo invertido por los responsables de este proceso en la incorporación, lo que, en consecuencia, agrava la frustración y el desánimo al reiniciar el proceso de selección.
No faltarán señales que indiquen una posible contratación incorrecta. Al fin y al cabo, además de esta falta de adaptación, los directivos pueden notar una incapacidad por parte de este profesional para alcanzar los objetivos previstos en su puesto y obtener los resultados deseados, junto con una falta de credibilidad y autoridad adquiridas en su puesto, y también un exceso de energía en el intento de integrarse en la rutina de la empresa, en un proceso que debería ser más natural y eficaz.
Si bien una contratación errónea puede ser “revertida” con un despido posterior, lo ideal sería minimizar al máximo este riesgo mediante un conjunto de acciones y precauciones que ayuden a los responsables de este proceso a ser lo más precisos posible en esta elección.
Uno de los puntos más importantes a considerar, desde el principio, es comprender a fondo los valores de la empresa y su sinergia, o ausencia de ella, con los valores de los candidatos. Esto se transmite no solo a través de lo que se declara formalmente en los estatutos corporativos, sino también a través de cómo se refleja en la vida diaria de todos los miembros que trabajan allí.
Esta claridad debe estar en consonancia con lo que se espera de este talento en su puesto y con su capacidad para alcanzar estos objetivos. Esta alineación con los entregables, resultados y métricas brindará mayor confianza para determinar quién podrá cumplir con las expectativas. Otro punto que puede aportar mayor seguridad al proceso de contratación es la aplicación de pruebas y/o evaluaciones de perfil conductual que mapean y proporcionan información más detallada sobre cada candidato.
En este proceso, confiar en una consultora especializada en reclutamiento de ejecutivos es una decisión inteligente. Al fin y al cabo, contará con headhunters experimentados y expertos en sus respectivas áreas de conocimiento que dirigirán el proceso de reclutamiento, garantizando que los pilares mencionados anteriormente (ajuste técnico, conductual y cultural) estén lo más alineados posible, para que la empresa y el ejecutivo encuentren la mejor compatibilidad posible.
Estos profesionales realizarán un análisis exhaustivo de las realidades y los desafíos de la empresa y determinarán cómo las mejores soluciones, alineadas con sus objetivos, pueden traducirse en el perfil del candidato ideal. Esto implicará una exhaustiva verificación de referencias y entrevistas exhaustivas para garantizar la máxima claridad posible sobre la compatibilidad.
Contratar a una persona equivocada conlleva una serie de pérdidas para todos los involucrados. Si bien es una situación que cualquier empresa puede afrontar, las precauciones mencionadas anteriormente son sumamente útiles para minimizar estas posibilidades, contribuyendo a garantizar que los responsables del proceso de selección tengan la máxima confianza en quién elegir y cómo guiar su incorporación para que todos estén satisfechos y, juntos, unan fuerzas para el crecimiento y el éxito corporativos.

