La inteligencia artificial ya no es sólo una herramienta de eficiencia y ha llegado a ocupar un papel central en las empresas. Sin embargo, la velocidad con la que se replican las tecnologías y los mensajes aumenta el riesgo de diluir la autenticidad. En un mercado saturado de innovaciones que rápidamente se vuelven comunes, el diferencial se centra en la confianza. Este movimiento inaugura lo que se puede llamar la quinta revolución, marcada no por avances mecánicos o digitales, sino por la centralidad de la autenticidad como capital reputacional.
La revolución industrial, en el siglo XIX, transformó la producción; lo digital, en los años 1980, puso la información al alcance de todos; la globalización intensificó la integración de los mercados; y la revolución de la información aceleró la comunicación. Ahora, la inteligencia artificial inaugura una era distinta, en la que la confianza se ganará no sólo por el dominio tecnológico, sino también por la capacidad de demostrar coherencia y ética en el uso de estas herramientas.
Investigaciones recientes refuerzan este diagnóstico. El estudio “Confianza, actitudes y uso de la inteligencia artificial: un estudio global de 2025”, elaborado por KPMG y la Universidad de Melbourne, muestra que en Brasil, 71% de los encuestados percibieron un aumento en la eficiencia, la calidad del trabajo y potencial de innovación con el uso de la IA. A pesar de su adopción generalizada, la confianza sigue siendo un desafío, y más de la mitad de los encuestados expresan preocupaciones sobre el uso de la tecnología, especialmente en las economías avanzadas, donde el escepticismo sobre la seguridad y los impactos sociales es más intenso.
Estos resultados resaltan un punto crucial: aunque la inteligencia artificial puede impulsar la productividad y la innovación, su adopción aislada no garantiza credibilidad ante los clientes, empleados o inversores. La percepción de riesgo persiste, lo que indica que la reputación corporativa depende tanto del desempeño tecnológico como de la forma en que la empresa comunica el uso de la IA. Las estrategias de comunicación transparentes, que explican los límites, las responsabilidades y los impactos sociales de la tecnología, se vuelven decisivas para reducir las incertidumbres y fortalecer la confianza.
En otras palabras, la quinta revolución no se limita a la innovación, sino a la capacidad de las empresas para demostrar coherencia, ética y autenticidad en todas las interacciones que involucran inteligencia artificial. La confianza se ha convertido en el recurso más estratégico para construir reputación corporativa. Las empresas deben ir más allá de revelar logros tecnológicos y mostrar cómo se aplica la IA, qué impactos sociales se consideran y qué valor humano se preserva en cada proceso.
El caso de Go Fintech en Singapur ilustra esta lógica de forma ejemplar. Bajo el liderazgo de Shobnom Zarin Chatona, la empresa ha obtenido, en sólo seis meses, una amplia cobertura en vehículos internacionales como Khaleej Times, Gulf News, MSN, Zee News y Outlook India, además de captar 15 millones de dólares en Medio Oriente. Al posicionar a sus fundadores como líderes de opinión en fintech e inteligencia artificial, la empresa ha diseñado su marca a nivel mundial y consolidado su credibilidad en un sector altamente competitivo. Este ejemplo demuestra que la reputación no sólo se basa en resultados financieros o innovación tecnológica, sino también en coherencia, ética y claridad en la comunicación.
La quinta revolución requiere que las empresas adopten prácticas que integren tecnología, transparencia y humanización de las interacciones. No se trata sólo de competir por la innovación, sino de demostrar autenticidad en cada decisión. La inteligencia artificial puede ser el motor de la transformación, pero la confianza será el verdadero criterio de crecimiento y supervivencia en el escenario corporativo global.
*Beatriz Ambrosio es CEO y fundadora de Mention, la primera y mayor plataforma de Relaciones Públicas SaaS de Brasil. Con una carrera enfocada en Relaciones Públicas y tecnología, además de una maestría y doctorado en Comunicación Corporativa, pretende transformar el mercado de relaciones públicas, haciéndolo accesible, mensurable y efectivo. Beatriz busca ampliar los límites de la comunicación corporativa, demostrando que es posible lograr alto impacto y bajo costo, especialmente para startups, pymes y autónomos que saben que invertir en reputación es fundamental para el crecimiento.

