En los últimos años, el comercio minorista se ha consolidado cada vez más en el entorno digital. Según un estudio difundido por la Fundación Getulio Vargas (FGV), las ventas online en la facturación final del sector alcanzaron la cifra de 17.8% en febrero de 2025, el porcentaje más alto desde junio de 2021, cuando registró 9.2% de participación.
Además, las proyecciones para los próximos años son alentadoras para el comercio minorista digital, como se destaca en la encuesta “Guía de expansión global para mercados de alto crecimiento”, publicada por Nuvei. Según los datos, el comercio minorista en línea debería superar la marca de 297 mil millones de dólares, destacando las posibilidades de expansión a nivel mundial.
En medio del crecimiento de lo digital, se ha planteado una pregunta: ¿el comercio minorista físico “más”? Para el especialista minorista y consultor de franquicias Erlon Labatut, la respuesta es simple y directa: el modelo tradicional de compra y venta no terminará. Según él, lo que está llegando a su fin es la tienda“como siempre ha sido”, es decir, sólo un espacio existente para almacenar el producto y realizar la compra en el cajero.
“Oh, que vivimos no es un funeral, es una metamorfosis. La tienda deja de ser un punto de transacción y pasa a ocupar un papel mucho más estratégico: experiencia, relación y logística”. Labatut también señala que el comercio físico está creciendo a partir de cuatro transformaciones, que destaca como esenciales para asegurar espacio ante la comodidad que ofrece lo digital.
El experto destaca que el primer cambio es que la tienda se considera un centro logístico, y la unidad funciona como una expansión natural del comercio electrónico: LO QUE Labatut afirma es un “modelo" figital”, que engloba el entorno físico y digital y que, según él, ya no es una tendencia a hacerse realidad. La idea del proceso es aportar más agilidad y comodidad al consumidor.
“O click and remove ya consume gran parte del espacio de las tiendas, que también funcionan como mini centros de distribución para entregas rápidas en los alrededores. Sin mencionar la logística inversa: intercambiar o devolver un producto en la tienda es infinitamente más sencillo para el cliente que tratar con oficinas de correos y formularios online”, explica.
Labatut todavía llama la atención sobre la experiencia del cliente en las tiendas. En su percepción, los establecimientos van más allá de los puntos de venta, convirtiéndose en un espacio de muestra. Por lo tanto, el consumidor puede experimentar y hablar con el vendedor para comprar de forma más segura y, a menudo, elige recibir el producto en casa.
Otro punto es que las marcas están creando espacios y ambientes de ocio para incrementar el tiempo del cliente en la tienda y así fortalecer su vínculo con el lugar. El especialista señala que, de esta manera, el vendedor también actúa como consultor, entendiendo el contexto de necesidad del público objetivo y su estilo de vida.
El espacio físico con lo digital
El especialista advierte de otra transformación que se viene produciendo en el comercio físico minorista, que es la presencia de la digitalización. En su opinión, la tecnología no puede ser descartada por la tienda que pretende destacar en el mercado, ya que moderniza el entorno y permite una mejor experiencia del cliente, que también busca agilidad en sus compras.
“La tecnología necesita salir de los backstage y áreas administrativas y estar presente en los estantes. Es lo que atrae cada vez a más consumidores en los últimos años y da la oportunidad de saber qué tiene para ofrecer el espacio físico. Herramientas como cajas autónomas y pagos vía aplicaciones facilitan la compra del público. Además, sensores y datos en tiempo real ayudan al comerciante a comprender el flujo, el comportamiento y el interés, lo que permite ajustes rápidos en el diseño y funcionamiento”, señala.
La socialización como estrategia
Explorar el lado social de los centros comerciales y tiendas puede ser una táctica interesante, según Labatut. Esto se debe a que los lugares todavía son vistos como puntos de encuentro y no sólo como lugares de compra y venta.“Hay valor en la inmediatez de llevar el producto a tiempo y en la confianza de saber dónde buscar ayuda, intercambiar, quejarse o simplemente hablar. La tienda física responde a una necesidad emocional que lo digital aún no reemplaza”, señala.
Labatut también advierte a los minoristas que están “atrapados en el pasado” y, por tanto, no cambian su forma de trabajar y cuidar su propio negocio. Aunque el comercio minorista, según el análisis de los expertos, no está muriendo, la operación debe ser moderna y autosuficiente. “Quienes no se adaptan, corren un grave riesgo de estar en el CAMINO”, afirma.


