En los últimos años, he visto de cerca la creciente ola de brasileños que deciden emprender el comercio electrónico. Es un movimiento que nace de un deseo legítimo: ganar autonomía financiera, abrir un negocio propio y transformar la vida a través de Internet. Al fin y al cabo, lo digital ofrece un escaparate democrático, donde cualquiera puede empezar desde cero y, en teoría, llegar a los consumidores de cualquier parte del país.
La tasa de mortalidad entre los nuevos minoristas es muy alta y no es raro que muchos se rindan incluso antes de registrar sus primeras ventas. Este fenómeno no se produce por falta de voluntad o creatividad, sino porque el inicio de este viaje todavía está plagado de incertidumbres, costes mal dirigidos y opciones que pueden comprometer la continuidad del negocio.
La raíz del problema
Recientemente, durante mi participación en Expo Magalu 2025, hablé mucho de ello. La gran barrera no está en crear un producto o poner una tienda al aire. El verdadero desafío es generar demanda de manera consistente.
Lo que observo a menudo es que los emprendedores llegan llenos de energía, pero sin claridad sobre cómo publicitar sus productos, sin entender cómo fijar correctamente el precio y sin poder estructurar un escaparate que realmente convierta. Muchos incluso dominan sus productos, pero no tienen conocimiento ni confianza en estrategias de marketing para atraer clientes, por ejemplo. Según un informe global de Constant Contact, la mayoría de las pequeñas empresas admiten dificultades para difundir eficazmente por falta de conocimiento, poco tiempo y poca claridad. De hecho, el 73% de los propietarios de PYME dicen que no tienen confianza en sus estrategias de marketing actuales.
Desde lejos parece sencillo, pero en la práctica es como abrir una tienda física en una calle desierta: sin que los clientes pasen por la puerta, todo el esfuerzo con stock y estructura no encuentra retorno. Este desajuste entre expectativa y realidad es una de las principales razones que explica por qué tantas empresas no pueden despegar.
El efecto secundario
Cuando no se tiene claro cómo generar demanda, la tendencia es buscar soluciones rápidas y ahí es donde surge un efecto secundario peligroso. Muchos emprendedores terminan invirtiendo alto desde el principio: pagan por plataformas más complejas de las que necesitan, gastan en personalización de tiendas, contratan servicios de terceros o compran cursos de marketing digital con la esperanza de encontrar una fórmula lista para vender.
El problema es que todo esto sucede antes de cualquier retorno financiero. El resultado es que el capital inicial, que debería dar aliento a los primeros meses, se agota rápidamente.
Al mismo tiempo, crece el sentimiento de frustración, porque el esfuerzo y la inversión parecen no generar resultados. Este ciclo de gasto sin retorno termina empujando a muchos a una retirada anticipada.
Mi apuesta: validar antes de subir
Fue siguiendo historias tan pronto como desarrollé una convicción: la forma más sostenible es validar primero y escalar después. Antes de invertir mucho para crear demanda, es más inteligente vender donde ya existe.
Según el Informe sobre el estado del comercio 2024, 95% de ejecutivos globales consideran que el comercio en canales de terceros, como los mercados, es esencial para el crecimiento y 70% afirman que hasta la mitad de todos sus ingresos ya provienen de estos canales, mientras que casi un tercio dice que los mercados representan más del 50% de los ingresos totales.
Además, tres de cada cinco ejecutivos planean ampliar su presencia en los mercados en los próximos 12 meses. Estos entornos concentran una audiencia dispuesta a comprar y permiten al minorista probar, en la práctica, qué productos despiertan interés, cuáles generan más margen y cuáles realmente merecen el esfuerzo. Lo más importante es que le permiten ingresar dinero rápidamente. Estos ingresos iniciales dan aliento y reducen la ansiedad de quienes están empezando.
Con el aprendizaje en la mano y algo de capital circulando, tiene sentido dar el siguiente paso: abrir su propia tienda, invertir en redes sociales, crear comunidades de clientes y apostar en estrategias de tráfico y retención. De esta manera, construir un ecosistema de canales propios ocurre de una manera más sólida, porque ya existe una base para sostenerlo.
Por qué esto es posible ahora
Durante mucho tiempo, esta estrategia fue inviable para los pequeños empresarios. La venta en múltiples canales requirió esfuerzo manual, conocimiento técnico y herramientas costosas. Era necesario registrar producto por producto en cada plataforma, mantener stocks sincronizados, integrar sistemas de gestión y seguir diferentes flujos operativos. Pocos tenían los recursos o el tiempo para ello.
La inteligencia artificial está derribando estas barreras al automatizar precisamente las tareas más burocráticas y técnicas de la comercio electrónico. Ahora es posible adaptar automáticamente los catálogos para cada canal, ajustar los precios en tiempo real según la competencia e incluso recibir recomendaciones estratégicas del análisis de datos de rendimiento.
En la práctica, el emprendedor se centra en lo que nadie más puede hacer por él: crear, vender y servir a los clientes, mientras que la tecnología se encarga del resto.
Conclusión: el futuro del emprendimiento digital
Creo que estamos viviendo un momento decisivo para el emprendimiento digital. Cada vez más personas apostarán por abrir sus propios negocios, y el papel de la tecnología es garantizar que estos viajes no se interrumpan antes de comenzar. Mi misión es ayudar a construir este futuro. Durante más de 15 años en el comercio electrónico, he ido traduciendo esta experiencia en soluciones asequibles, fáciles y autónomas que permitan superar los obstáculos más críticos del principio.
Para mí, la inteligencia artificial no es sólo una novedad, sino la nueva infraestructura del comercio electrónico. Es eso lo que nivelará el campo de juego, reducirá las barreras históricas y devolverá al emprendedor lo que más valioso tiene: tiempo, claridad y concentración en el cliente. Y esto es lo que puede convertir el sueño de emprender online en una oportunidad concreta y sostenible.

